Recuerdo mi primer día como gerente de marketing en una ONG, ya hace muchos años. Llegué con mi todo mi conocimiento, mi portafolio de campañas existosas y una sonrisa de “aquí vengo a cambiar el mundo”. Pero en la primera reunión, con una persona de una comunidad rural me miró directo a los ojos y dijo:
—Señor, si viene solo a hacer bonito, mejor no venga.
Me ardió. Pero tenía razón.
Esto no es marketing de producto. No es una marca que necesita “amor”. Es una causa que clama urgencia. Aquí, si no se mueve gente, niños no estarán protegidos. Si no conectas con alguien, una mujer sigue en peligro. Si no comunicas bien, el mundo sigue igual.
Por eso, aprendí rápido los "sin duda alguna" que no me enseñaron en ningún máster.
Como contar historias con hambre de justicia.
Como lo hacía Mandela, que usaba cada palabra como si pudiera liberar a alguien. Y lo hacía.
Aprendí a ver sistemas, no solo públicos. A pensar en alianzas donde otros solo veían audiencias.
Tuve que romper mi ego y fallar mil veces. Edison-style. Porque aquí se prueba sin manual, con el corazón latiendo en la garganta y el Excel gritando que no hay presupuesto.
Y cuando me obsesioné con las métricas, comprendí que tampoco era eso, es más bien como logramos obtener resultados medibles que tienen rostro.
Aprendí a hablar con claridad, sin suavizantes, sin florituras. Porque las causas no tienen tiempo para reflexiones interminables, ni para procesos que solo responden a la burocracia, aprendí que es urgente hacer algo ya.
Pero también aprendí a identificar los "de fijo no hagas esto”. Porque cometí cada uno ellos en mi proceso de desarrollo personal y profesional.
Diseñé pensando en el jefe, cuando en realidad se diseña para transformar vidas, no para quien va a firmar!
Confundí viral con vital, o dicho de otra manera el posicionamiento de la marca sin propósito, que es solo ruido.
Esperé al 8M para hablar de mujeres, pero resulta que no existe el tiempo neutral o avanzas o retrocedes.
Hice a veces campañas sin alma, sin duda, bonitas, pero frías. Hasta que vi un video de Lady Gaga que me hizo llorar. Y entendí: el arte que no duele, no sirve.
Y, peor aún, algunas veces pensé en pequeño, porque me dijeron que era “solo una ONG”. Hasta que comprendí muchos años atrás que soñar en grande no es arrogancia, es tu la única opción en un mundo globalizado, hiperconectado y con alta tecnología.
Hoy te hablo a ti, que estás entrando —o sobreviviendo— en este mundo.
Tú que tienes más ideas que recursos.
Más corazón que equipo.
Más urgencia que tiempo.
Hazlo igual. Hazlo distinto. Pero hazlo real.
Este trabajo no es para cualquiera. Es para quienes no pueden dormir si el mensaje no movió a alguien.
Y si algún día dudas…
Recuerda esto: no se trata de comunicar mejor que los demás, sino de que el mundo no pueda ignorarte aunque quiera.
Porque quien no incomoda, no incomoda.
Y quien no incomoda, sostiene el sistema que dijo que venía a cambiar.
